Berlin 1936 rowing

Remando como un solo hombre

Remando como un solo hombre es una historia olímpica. De esas que ya sabes, al empezar, quién ganará la medalla de oro. Pero esto, sinceramente, es lo de menos. Porque lo importante aquí es el camino. El origen. El cómo. Y, también, el por qué.

Remando como un solo hombre

En 1936, el olimpismo todavía era amateur. Pero en 1936 el olimpismo era, también, un arma política. Y esos JJOO se celebraban en Berlín. Daniel James Brown se encarga de narrar con amplitud de detalles la puesta en escena de la propaganda alemana. Y de cómo los remeros alemanes, con casi toda seguridad, eran deportistas profesionales. No tanto porque cobraran por ello (quién sabe) sino porque fueron cuidadosamente seleccionados y entrenados para ganar la medalla de oro.

Al otro lado o, mejor dicho, en otro carril del Langer See, el barco americano estaba formado por estudiantes de la Universidad de Washington. Unos estudiantes que aprovechaban los meses de verano para trabajar en canteras o en cualquier oficio para poder seguir pagando los estudios. Unos estudiantes que, para llegar a Berlín, tuvieron que vencer a la Universidad de California (ganadora del oro olímpico en 1928 y 1932) en las pruebas clasificatorias nacionales. Unos estudiantes que, viniendo del estado de Washington en la década de los años 30, tuvieron que superar el estereotipo de rurales, brutos, pueblerinos, etc.

Para la mayoría de los lectores, Remando como un solo hombre representa la primera aproximación al mundo del remo. Con el paso de las páginas, el vocabulario se vuelve familiar y tácticas como una frecuencia de palada baja se convierten en un mantra. Se descubre que el remo de ocho con timonel es la prueba reina de este deporte. Porque es la embarcación más rápida y también porque es la que mejor ejemplifica en trabajo en equipo.

Y aquí es donde quería llegar: al trabajo en equipo. Remando como un solo hombre, desde la primera página hasta la última, es una oda al trabajo en equipo. Donde cada uno tiene su función y cada uno sabe que los demás le apoyan. Desde Bobby Moch, el timonel, hasta Al Ulbrickson, el entrenador. Sin olvidar a George Pocock, el armador de barcos que era algo así como un Stradivarius del remo.

En un bote de ocho remeros, la velocidad se consigue por dos factores: fuerza de la palada y frecuencia. Pero, gobernando ambas, está la coordinación. Es lo que, en el argot, llaman “swing”. Esa armonía en la que todos ocho remos entran al agua a la vez, empujan durante la misma distancia y tiempo, y salen al unísono. Y así, palada a palada. Aunque duela. Aunque cueste. Aunque se acaben las fuerzas. Trabajo en equipo.

Durante la lectura he podido observar muchos paralelismos entre el Seattle de los años 30 y la Kenia actual o reciente. Salvando las distancias entre el atletismo y el ocho con timonel, las historias humanas son muy parecidas. Sin duda, es una obra maestra que recomiendo a todo el mundo. A mí me lo recomendó mi padre (que no tiene ninguna relación con el remo) y a él se lo recomendó un cura durante una meditación. Porque la fuerza de este libro trasciende al deporte y, leyéndolo, te enamoras de cada unos de los palistas del bote: Don Hume, Joe Rantz, George Hunt, Jim McMillin, John White, Gordon Adam, Charles Day y Roger Morris.

Título: Remando como un solo hombre
Autor: Daniel James Brown
Traducción: Guillem Usandizaga
ISBN: 978-84-16440-20-7 (libro) 978-84-16440-40-5 (eBook)
Páginas: 459 páginas
Editorial: Capitán Swing (coeditado con Nordica Libros)
Precio: 19,95 € (libro) / 9,99 € (eBook)

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